
RESIGNACION O ACCIÓN
Por Carlos Rodríguez Fonseca
Las sociedades modernas y desarrolladas están integradas por ciudadanos que, a sus múltiples obligaciones y responsabilidades, deben agregar conocimientos y habilidades para prevenir y hacer frente a los riesgos naturales y a los riesgos de su civilización tecno-científica
La cultura occidental ha sido exitosa en crear ciencia y tecnología con esa finalidad. Y a causa de este intento de dominio se ha provocado la segunda serie de amenazas. En efecto, han surgido riesgos tecno -científicos, principalmente por la producción industrial, que generan peligros para los hombres y para sus bienes materiales.
Una sociedad que abdica de sus derechos no puede exigir respuestas a estas cuestiones. Tampoco las necesita. Se conforma con vivir al día y a la espera de los obsequios gubernamentales.
Excepto los desesperadamente pobres, hubo un buen número de habitantes de Tlacotalpan, convertida en “patrimonio de la humedad”, que ante las inundaciones que padecieron durante el pasado mes de septiembre, abandonaron por iniciativa propia sus casas, antes de que el gobierno los obligara. ¿Existirá una mejor imagen de autoabandono, y derrota social que las calles deshabitadas de Tlacotalpan, metáfora de la resignación y de la impotencia política?.
Pero Gracias a Dios no solamente están los resignados. Allá ellos.
Existe otro grupo de ciudadanos que por haber sido víctimas de riesgos científicos por aquellas labores industriales que dañaron su patrimonio, reaccionan mediante levantamientos populares ejercitando acciones que generalmente están en la raya misma de lo ilícito ya que exigen respuestas del gobierno mediante bloqueos de carreteras, calles e incluso oficinas públicas, alterando el orden y vulnerando el derecho de terceros ajenos a su problemática. También allá ellos.
Afortunadamente existimos otros que buscamos a través de acciones legales, el que los responsables paguen por los “errores de cálculo” en el desarrollo de sus labores industriales y administrativas, como fue el caso de las dos paraestatales que por tales yerros causaron las inundaciones que asolaron la región baja del Papaloapan y específicamente la zona de Tlacotalpan.
En lo personal, tuve la enorme fortuna de que mi teoría acerca de que por ese tipo de fallas se provocaron las inundaciones, fuera secundada por un científico estudioso de la producción de energía eléctrica, quién elaboró un dictamen concluyendo que ese fue justo el origen, por lo que ambos, contando con la colaboración de un ciudadano tlacotalpeño no resignado, se preocupó por convencer a un (desgraciadamente) pequeño grupo de ciento y pico de damnificados, para que por la vía legal intentemos el resarcimiento por los daños que sufrieron en su precarísimo patrimonio. JUNTOS LO LOGRAREMOS.
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