HABLEMOS DE PERFIL
Por CARLOS RODRIGUEZ FONSECA
Resulta por demás curioso que el concepto “perfil”, importado del inglés “profile”, muy común en el mundo de los negocios, se metió en el mundo de la política, a partir de que el PAN ganó la Presidencia de la República en las elecciones del 2000, cuando el propio Vicente Fox contrató a un despacho de “head hunters” (léase Agencia de colocación de talentosos) para que le recomendaran a aquellos ciudadanos que “cubrieran el perfil” para desempeñar los cargos de mayor jerarquía del gabinete que habría de acompañarlo en la conducción de los destinos de nuestro país durante su sexenio, en algo que el pueblo bautizó como el “super gabinete” que en menos de un año fracasó rotundamente, pese a los “perfiles” de cada uno de los escogidos.
A partir de aquellas épocas hemos venido escuchando reiteradamente del “perfil”, no sólo de los funcionarios de los gobiernos panistas, sino también en aquellos gobiernos dominados por el PRI e incluso entre los perredistas se habla acerca de los candidatos a gobiernos estatales o municipales, diputados o funcionarios públicos, sobre si reunen o no “el perfil” para desempeñar tales o cuales puestos.
Acorde con la definición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua, la palabra perfil significa línea y es un adorno sutil y delicado que se pone al canto o extremo de una cosa; otras acepciones son: “la postura en que no se deja ver sino una de las dos mitades laterales del cuerpo”, o aquella que dice que es “el conjunto de cualidades o rasgos psicológicos caracterizadores del individuo”, lo que me recuerda la teoría de Lombroso acerca de los rasgos que tienen los delincuentes y el perfil da el tipo de crímenes que comete.
No creo que cuando se habla del perfil de los candidatos para desempeñar puestos públicos, se refieran a esta última acepción y lo más probable, aunque tampoco resulte aceptable, es que se refieran a la postura en que nada más se ve la mitad del individuo, porque la otra mitad la conoceremos cuando esté ocupando el puesto.
No, no, no, creo que lo mejor es que dejemos de hablar de perfiles y hablemos mejor de la experiencia probada de las personas, aunque a veces se tiene la impresión de que se aplican criterios diferenciadores y que los cargos se confían a individuos pertenecientes a ciertos grupos favorecidos por el Poder, ya que es frecuente que personas competentes sean preteridas en beneficio de los acólitos incondicionales, desvirtuando con ello uno de los principios fundamentales de la administración pública, que es la de servir al pueblo para el que se gobierna.
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