WATERGATE JAROCHO
Por Carlos Rodríguez Fonseca

Hace alrededor de cuarenta años, dos periodistas norteamericanos del diario The Washington Post, fueron informados por una persona que se hizo llamar “ Garganta Profunda” (DEEP TROATH) sobre una red de espionaje político, sobornos y uso ilegal de fondos públicos, orquestados por parte del mismísimo Richard Nixon, quien mandó allanar las oficinas del Comité Nacional del Partido Demócrata que se ubicaban en el hotel Watergate de la capital de aquel país: todo esto lo denunciaron ante el Congreso dando lugar a que después de dos años de acoso por parte del Senado, el propio Nixon se vio obligado a dimitir como Presidente de los Estados Unidos.
Hace unos cuantos días, dos periodistas mexicanos, una del periódico Excélsior y el otro de Imagen Informativa, desencadenaron un Watergate jarocho cuando dieron a conocer a través del periódico y del noticiero radial matutino, una serie de conversaciones telefónicas supuestamente realizadas entre el gobernador de Veracruz y varios actores políticos, entre otros, el candidato del PRI para sucederlo.
De tales conversaciones se podría presumir el uso ilegal de fondos del gobierno del Estado para destinarlos a las campañas políticas de los candidatos priístas, mediante el soborno y la compra de las voluntades ciudadanas, por lo que de ser cierta tal conducta, puede inclusive dar lugar a que se promueva un juicio político en contra del ejecutivo estatal para desaforarlo y posteriormente consignarlo ante el poder judicial del Estado.
La primera reacción del gobernador fue negar que se tratara de su propia voz y sostuvo que los audios fueron truqueados, pero he aquí que un día después, presentó en la Procuraduría General de la República una denuncia penal en contra del presidente del comité ejecutivo nacional del PAN, del candidato de ese partido para la gubernatura y de todos aquellos que resultaren responsables en la comisión de delitos equiparables a la violación de comunicaciones privadas, difamación y otros, lo que jurídicamente y en estricto derecho, implica un reconocimiento tácito de la autenticidad de las grabaciones, lo que sin duda, viene a ensombrecer el proceso electoral en nuestra entidad.
Independientemente de que los actos llevados a cabo tanto por una como por otra parte puedan o no ser constitutivos de delito, lo cierto es que después de escuchar los audios que de manera abundante han circulado por las redes sociales, no sólo existe el peligro de que las elecciones se anules sino que la ciudadanía veracruzana y de todo México queda decepcionada y escéptica acerca de la honestidad de los actores políticos que tenemos y de la clase política en general, pese a lo que se dice en el sentido que hemos alcanzado una verdadera democracia y que las elecciones serán limpias y transparentes, pero lo cierto es que con todo ello, constatamos que continúan con las mismas prácticas viciosas para llegar al poder.
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