EL MEXICANO Y GUINNESS
Por Carlos Rodríguez Fonseca
En mi última entrega traté el problema psico-social que representa el escepticismo de los mexicanos y, en la reciente entrevista que le hicieran al ex premier mexicano y actual analista político Jorge Castañeda, misma que fue publicada tanto en MILENIO como en la revista DIA SIETE, refiriéndola a su libro “Mañana o Pasado, El Misterio de los Mexicanos”, pude constatar que el propio entrevistado, aunque no lo acepta, es bastante escéptico acerca de la conducta de nuestros compatriotas.
Dice Castañeda y no le falta razón, que el mexicano prefiere vivir lejos de su centro de trabajo e incluso del centro urbano, pero en una casita que sea de su propiedad. Es enemigo de convivir bajo el sistema de condominios ya que no siente ser propietario de nada, pues su piso es el techo del que vive en el piso inferior y su techo es el piso de su vecino de arriba, etc., tampoco le gusta contribuir en las labores de aseo y limpieza de tipo comunal, siendo reacio al pago de las cuotas mensuales para la administración del inmueble. (esto último me consta ya que en lo personal alguna vez fui condómino y teníamos serios problemas para cobrar a los morosos)
Castañeda sostiene que hemos llegado a un momento donde o cede el ser mexicano o cede la realidad material del país. Tenemos que dejar de ser los mexicanos de antes. Tenemos que inventar un nuevo mexicano. Si no lo hacemos, este país no va a caminar. Sin embargo, para contrarrestar el escepticismo del mexicano, grupos interesados del gobierno o de la sociedad civil organizan a la gente para participar en eventos tumultuarios encaminados bien sea en figurar o en romper los famosos Record Guinness.
“Es muy poco mexicano decir que sí o no en un voto. A los mexicanos no les gusta la competición o el conflicto. Pero, eso sí, tienen una absoluta obsesión con el Libro Guiness de los Récords y han de construir el Árbol de Navidad artificial más grande del mundo”, lo cual equivale a competir contra nadie, ahí no hay conflicto. Si hubiera un referéndum habría un ganador y un perdedor”.
Ahora bien, ¿Qué son y para que sirven los record Guiness? La historia de su creación va más o menos as’: Resulta que en 1951, Sir Hugh Beaver, el director de la famosa fábrica de cerveza Guinness, fundada por Arthur Guinness en diciembre de 1759, salió de cacería con un compañero y comenzó a discutir con este si el chorlito dorado era o no el ave de caza más rápida de Europa. Beaver no pudo satisfacer su curiosidad en la biblioteca. Nadie se encargaba de consignar este tipo de datos. En 1954, se repitió una escena parecida. Esta vez Beaver quiso saber si los gallos del bosque eran más rápidos que los chorlitos dorados. No pudo obtener respuesta tampoco en esta oportunidad. El director de la cervecería tuvo en ese momento una revelación: “esa información podría interesarle mucho a la gente que frecuentaba los pubs por lo que un libro que contuviera respuestas a este tipo de preguntas sería muy bien recibido. Era preciso, entonces, poner manos a la obra y comenzar a recopilar este tipo de datos.
Todo el mundo puede aspirar a entrar en el Guinness World Record siempre que cumpla con las exigencias establecidas. Un récord debe cumplir cuatro requisitos: l° Tiene que ser mensurable (debe poder medirse, pesarse o contarse). 2°. Debe ser cuantificable singularmente, es decir, responder a un solo superlativo. 3°. Debe poder superarse a menos que sea un “primero importante”, por ejemplo, el primer hombre que pisó la Luna; y 4°. Tiene que resultar interesante para el mayor número de gente posible.
Sin embargo, nosotros los mexicanos no hemos hecho mucho caso que digamos a los requisitos formales de tales exigencias y, por citar únicamente algunos cuantos ejemplos, mencionaré que en el D.F., lograron que se insertaran en el libro de record Guinness, la rosca de reyes, el pay de queso, el árbol de navidad y el restaurante giratorio más grandes del mundo; el mayor número de personas besándose en la Plaza de la Constitución; y el thriller de Michael Jackson más numeroso del mundo.
En Tampico, obviamente la carne a la tampiqueña más grande del mundo; en Alvarado, el arroz a la tumbada también más grande del mundo y hasta José Sulaimán quedó inscrito en Guinness como el Presidente de la Comisión Mundial de Boxeo que ha durado más tiempo como tal.
O sea, cosas que a nadie le importan un carajo.